Victoria Álvarez Méndez, Lucía García Inclán y Nuria Pérez García
Imagen: TuaSaude
Durante décadas hemos asumido que
la anticoncepción es, básicamente, un asunto femenino. No porque así lo diga la
biología, sino porque así se ha organizado la sociedad y el sistema sanitario.
Sin embargo, los avances científicos de los últimos años están dejando cada vez
más claro que esta distribución desigual no es inevitable, ni desde el punto de
vista médico ni desde el tecnológico.
La salud sexual y reproductiva no
se limita a evitar embarazos. Según la definición aceptada internacionalmente,
implica un estado de bienestar físico, mental y social en todo lo relacionado
con el sistema reproductivo, sus funciones y procesos. En ese marco, la
atención en salud sexual y reproductiva incluye métodos, servicios y
estrategias que permitan a las personas decidir de forma libre, informada y
segura si quieren tener hijos y cuándo hacerlo
Entre el 40 y el 50 % de los
embarazos en el mundo no son planificados, una cifra que se mantiene elevada a
pesar de la amplia disponibilidad de métodos anticonceptivos. El uso de
anticonceptivos es, con diferencia, la estrategia más eficaz para reducir este
riesgo. Pero su distribución no es equitativa: aproximadamente el 70 % del uso
de métodos anticonceptivos recae en mujeres, mientras que los hombres apenas
representan el 30 %, principalmente mediante el preservativo o la vasectomía
Esto no es solo una cuestión de
hábitos. Muchas mujeres no pueden utilizar anticonceptivos hormonales debido a
efectos adversos o contraindicaciones médicas. Aun así, la alternativa rara vez
pasa por que sus parejas masculinas asuman un papel más activo, porque simplemente
no existen suficientes opciones para ellos.
Lo que los hombres tienen hoy (y lo que no)
Los métodos anticonceptivos
masculinos disponibles actualmente actúan de forma relativamente simple. El
preservativo funciona como una barrera física que impide el paso de los
espermatozoides. La vasectomía, por su parte, bloquea quirúrgicamente su transporte
desde los testículos y ofrece una eficacia muy elevada, aunque con una
reversibilidad limitada.
Ninguno de estos métodos interviene
directamente en la producción de espermatozoides, un proceso continuo y
altamente regulado que ocurre a diario. Precisamente por eso, desde hace
décadas la investigación científica intenta ir más allá.
La píldora masculina: funciona, pero incomoda
Los anticonceptivos hormonales
masculinos no actúan directamente sobre el esperma, sino sobre el eje
hipotálamo-hipófisis-gonadal, el sistema que conecta cerebro y testículos y
regula la producción de testosterona y espermatozoides. Al modular de forma controlada
este eje hormonal, se reduce la espermatogénesis hasta niveles incompatibles
con la fecundación, de manera reversible. En investigación anticonceptiva no basta con “reducir” la
fertilidad: se considera que un método es eficaz cuando logra disminuir la
concentración de espermatozoides por debajo de un umbral —conocido como nivel
anticonceptivo— a partir del cual la probabilidad de embarazo es mínima y
comparable a la de otros métodos hormonales. Mediante la administración
de testosterona, sola o combinada con progestágenos, en gel o en píldoras, se
reduce la producción de espermatozoides hasta niveles tan bajos que el embarazo
resulta extremadamente improbable.
Los ensayos clínicos han demostrado
que estas combinaciones son eficaces y reversibles. Por ejemplo, un gel
transdérmico de testosterona y acetato de segesterona logró reducir la
concentración espermática a niveles anticonceptivos en el 86 % de los
participantes en pocas semanas. Estudios previos no registraron embarazos
durante cientos de meses de seguimiento
Entonces, ¿por qué no están ya en
el mercado?
La respuesta está en los efectos
secundarios: aumento de peso, acné, cambios en el perfil lipídico o
alteraciones del estado de ánimo. Efectos muy similares a los que llevan
décadas asumiendo millones de mujeres, pero que en el caso masculino han
generado mayor reticencia regulatoria y socia
La nueva frontera: anticoncepción masculina sin hormonas
Uno de los ejemplos más
prometedores es YCT-529, una molécula que bloquea una vía esencial para la
producción de espermatozoides relacionada con la vitamina A y de la que se ha
oído hablar bastante en los últimos meses debido a su éxito en la primera fase
de experimentación. En estudios en animales redujo la fertilidad hasta en un 99
%, con recuperación completa tras suspender el tratamiento, y sin alterar
testosterona, FSH o LH, ni tampoco la función sexual. Actualmente se encuentra en ensayos clínicos en humanos
También se están desarrollando dispositivos
intravasales, como ADAM™ o RISUG/Vasalgel, que bloquean el paso de los
espermatozoides mediante geles o hidrogeles inyectados en los conductos
deferentes. Actúan como una especie de “DIU masculino” durante un tiempo de entorno
a los dos años con una posible recuperación total de la recuperación de la fertilidad.
Estos métodos podrían ofrecer una eficacia cercana a la vasectomía, con la
ventaja potencial de la reversibilidad
¿Y la seguridad? La gran línea roja
Como ocurre con cualquier
anticonceptivo, la seguridad es clave, especialmente cuando se administra a
personas sanas. Hasta ahora, los anticonceptivos hormonales masculinos no han
mostrado efectos graves a largo plazo sobre próstata, hueso o función sexual,
aunque se reconoce la necesidad de seguimientos más prolongados
Los métodos no
hormonales podrían ser incluso más ventajosos, ya que suelen asociarse con
menos efectos secundarios. Aun así, todavía es necesario comprobar que sean
seguros a largo plazo en humanos, algo lógico desde el punto de vista
científico. Lo que genera más debate es que esta prudencia haya sido,
históricamente, mucho mayor cuando se trata de anticoncepción masculina que
cuando las usuarias han sido mujeres.
Más allá de la ciencia: una cuestión cultural
La llegada de anticonceptivos masculinos eficaces obliga a mirar más allá
del laboratorio y a cuestionar cómo se ha repartido históricamente la
responsabilidad reproductiva. Durante décadas, prevenir el embarazo se ha
entendido casi como una obligación femenina, integrada de forma silenciosa en
la vida cotidiana y asumida como parte del coste inevitable de la sexualidad.
Esta normalización ha hecho que los riesgos, las incomodidades y las decisiones
asociadas a la anticoncepción recaigan mayoritariamente sobre las mujeres.
La eficacia de los métodos anticonceptivos, tanto en mujeres como en hombres, suele medirse con el índice de Pearl. Este indicador calcula cuántos embarazos se producen por cada 100 personas que usan un método durante un año, y se complementa con las tasas de fallo en condiciones de uso perfecto y de uso habitual. En el caso de los anticonceptivos hormonales masculinos, especialmente los que combinan testosterona y progestágenos, los estudios han mostrado resultados consistentes. Estos tratamientos logran reducir de forma notable la producción de espermatozoides, hasta niveles muy bajos, lo que se traduce en un riesgo anual de embarazo cercano al 1 %.
La evidencia sugiere que la
eficacia biológica de muchos anticonceptivos masculinos en desarrollo es
comparable a la de los métodos femeninos
Aun así, la idea de que el coste físico y emocional de evitar un embarazo es un “peaje femenino” empieza a resquebrajarse. Cada vez más voces cuestionan por qué esta carga ha sido tan desigual y si realmente tiene sentido mantener ese reparto en un contexto social que aspira a relaciones más igualitarias.
Un punto de inflexión inevitable
La anticoncepción masculina ya no es
una idea futurista. Gracias a los avances en biología, farmacología y
biotecnología, hoy se trata de un campo en pleno desarrollo
Incorporar a los hombres de forma activa en la
planificación reproductiva no solo permitiría decidir mejor cuándo y cómo tener
hijos, sino que también transformaría la manera en que se comparte la
responsabilidad sexual.
Este cambio tendría implicaciones que van más allá del ámbito individual: afectaría a la salud pública, a las políticas de igualdad y a la autonomía reproductiva de las personas. La ciencia ha abierto la puerta; lo que queda por ver es si la sociedad está dispuesta a cruzarla y a aceptar que la anticoncepción deje de ser, casi siempre, una carga asumida por las mujeres.
Bibliografía
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Un anticonceptivo masculino entra en su segunda fase de pruebas en humanos: ADAM, implante no hormonal de hidrogel con duración de hasta dos años [Internet]. 2025 [citado 9 ene 2026]. Disponible en: https://www.infobae.com/espana/2025/05/23/un-anticonceptivo-masculino-entra-en-su-segunda-fase-de-pruebas-en-humanos-adam-un-implante-no-hormonal-de-hidrogel-que-dura-hasta-dos-anos/
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Bien escrito y argumentado. Releed para pulir fallos menores (faltan conjunciones, algo de puntuación, palabras incompletas). Algunas negritas dejan alguna letra fuera.
ResponderEliminarExplicad algún detalle más en los métodos más interesantes, de forma accesible:
- ¿Qué son "niveles anticonceptivos"?
- Más información sobre cómo funciona cada anticonceptivo (rutas en las que actúa). Esta información es fundamental para la inhibición de la AC, ya que no es la AC somática, sino la AC soluble (sAC) que es específica del espermatozoide y crítica en la capacitación.
Sería interesante que ampliaseis la parte en la que discutís los aspectos no médicos de la anticoncepción masculina. Posiblemente haya abundantes estudios éticos, sociales, culturales y de género de los que podáis sacar provecho (y aprovechar para el científico); con una breve ampliación bastaría. Creo que es un aspecto muy interesante para el público no científico.
Bibliografía: revisad el formato (lista y tipo de letra). Algunas referencias son de la web, pero son artículos, revisad y añadid la referencia correcta (de Pubmed, como artículo). Igualmente para el científico, revisad por si acaso.
Por cierto, aprovecho para recomendaros Zotero como gestor biliográfico. Es muy flexible, muy similar a Mendeley, libre y gratuito (sólo tiene coste ampliar espacio en su nube, que es opcional; con >20000 referencias, aún no lo he necesitado, aunque son baratos).
Hola! Gracias por las indicaciones, hemos intentado mejorarlo y ampliarlo en los apartados que nos has indicado.
ResponderEliminarAdemás, gracias por la recomendación de Zotero.