Victoria Álvarez Méndez, Lucía García Inclán y Nuria Pérez García
Introducción
La salud sexual y reproductiva se
define como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no
únicamente como la ausencia de enfermedad o incapacidad, en todo lo relacionado
con el sistema reproductivo y sus funciones y procesos. Por su parte, la
atención en salud sexual y reproductiva comprende el conjunto de métodos,
técnicas y servicios destinados a promover el bienestar reproductivo y a
abordar los problemas relacionados con la salud reproductiva, garantizando así
la protección, prevención y tratamiento integral en este ámbito (1).
Entre el 40 y el 50 % de los embarazos a nivel
mundial son no planeados, y el uso de anticonceptivos constituye la estrategia
más eficaz para reducir este riesgo. En la actualidad, la mayor parte de la
responsabilidad anticonceptiva recae en las mujeres, representando aproximadamente
el 70 % del uso de métodos,
mientras que los hombres contribuyen con apenas el 30 %, principalmente a través de preservativos o
vasectomías lo que refleja la limitada disponibilidad de opciones masculinas.
Además, muchas mujeres no pueden utilizar los anticonceptivos existentes debido
a contraindicaciones médicas o efectos adversos, lo que evidencia una necesidad
clínica no satisfecha. La escasez de alternativas masculinas seguras, eficaces
y reversibles ha motivado un creciente interés en el desarrollo de métodos
innovadores que permitan ampliar la participación de los hombres en la
planificación familiar y compartir de manera más equitativa la responsabilidad
anticonceptiva (2).
Métodos anticonceptivos actuales
Los métodos anticonceptivos actuales, como el preservativo, actúan como barreras físicas
que impiden el paso de espermatozoides al tracto femenino, mientras que la vasectomía
interrumpe quirúrgicamente su transporte desde los testículos, reduciendo de forma
permanente o semi-permanente la fertilidad si no se revierte. No obstante, estos enfoques
no alteran directamente la fisiología interna del espermatozoide ni su producción continua,
lo que ha motivado el desarrollo de nuevos métodos.
Los anticonceptivos hormonales masculinos reversibles actúan sobre el eje hipotálamo
hipófisis-gonadal (HHG), que regula la producción de testosterona y la espermatogénesis.
La espermatogénesis es un proceso continuo y altamente regulado en los túbulos
seminíferos, donde millones de espermatozoides se producen diariamente bajo la acción
coordinada de testosterona, FSH y LH, durante aproximadamente 74 días, hasta completar
su maduración en el epidídimo (3).
Estos métodos hormonales utilizan testosterona exógena, sola o combinada con
progestágenos, para suprimir la secreción de GnRH, LH y FSH, disminuyendo la
testosterona intratesticular y bloqueando de manera reversible la espermatogénesis. En
hombres sanos, la concentración espermática habitual supera los 14 millones por mililitro
de eyaculado. El objetivo principal es alcanzar azoospermia, es decir, la ausencia de
espermatozoides en el eyaculado, lo que imposibilita la fecundación. Sin embargo, se
considera clínicamente adecuado un umbral de oligozoospermia severa (<1 × 10⁶
espermatozoides/mL), asociado a un riesgo de embarazo de aproximadamente 1 % anual,
que permite una eficacia comparable a la de los anticonceptivos hormonales femeninos
(4).
Ensayos clínicos recientes han demostrado que las combinaciones de testosterona y
progestinas son efectivas para alcanzar estos niveles de supresión. Por ejemplo, un gel
transdérmico de testosterona y acetato de segesterona (Nestorone) logró que el 86 % de
222 participantes alcanzara ≤1 × 10⁶ espermatozoides/mL en un promedio de ocho
semanas de tratamiento. Estudios históricos con testosterona y acetato de
medroxiprogesterona no registraron embarazos durante 426 persona-meses de
seguimiento, con un límite superior del intervalo de confianza del 8 % anual. La supresión
es reversible; la recuperación de la espermatogénesis se produce tras la interrupción del
tratamiento, aunque la duración de la recuperación varía entre individuos (5).
En conjunto, los anticonceptivos hormonales masculinos han demostrado una capacidad
reproducible para suprimir la espermatogénesis hasta niveles de oligozoospermia severa o
azoospermia reversible, lo que confirma su potencial como estrategia anticonceptiva
eficaz. No obstante, su desarrollo clínico continúa condicionado por varios factores
limitantes, entre los que destaca la posible aparición de efectos secundarios sistémicos y
la variabilidad interindividual de respuesta a la supresión hormonal. Aunque
la recuperación de la función espermática tras la interrupción del tratamiento ha sido
consistentemente observada, el tiempo necesario para alcanzar niveles basales presenta
diferencias entre individuos. En este contexto, la investigación se orienta a optimizar el
equilibrio entre eficacia anticonceptiva y seguridad, dado que una supresión hormonal
excesiva puede inducir efectos adversos clínicamente relevantes si no se ajusta
adecuadamente la dosificación, lo que justifica la necesidad de estudios clínicos más
amplios y con seguimiento prolongado (5).
Métodos anticonceptivos no hormonales
Los anticonceptivos no hormonales permiten bloquear la producción de espermatozoides
y representan uno de los enfoques más prometedores para lograr una infertilidad temporal
sin alterar los niveles hormonales sistémicos. Un ejemplo destacado es YCT-529, un
antagonista selectivo del receptor alfa del ácido retinoico (RARα), esencial para la
señalización de vitamina A que regula la espermatogénesis. En estudios preclínicos en
ratones y primates no humanos, YCT-529 interrumpió la producción de espermatozoides,
reduciendo la fertilidad hasta en un 99 % en modelos animales, con recuperación completa
de la espermatogénesis tras la interrupción del tratamiento. Estos resultados apoyan la
potencial reversibilidad del efecto anticonceptivo sin cambios en hormonas sexuales
como testosterona, FSH o LH. Actualmente, YCT-529 ha pasado ensayos de seguridad en
una fase 1a en humanos y se está estudiando en ensayos de fase 1b/2a para evaluar
seguridad prolongada y efectos sobre parámetros espermáticos (6).
Otra estrategia no hormonal consiste en inhibir funciones esenciales del espermatozoide
fuera del eje hipotálamo-hipófisis-gonadal. En este contexto, la ciclasa adenilil soluble
(sAC, codificada por ADCY10) ha emergido como una diana prometedora, ya que es una
enzima clave en la generación intracelular de AMP cíclico (AMPc) en respuesta a
bicarbonato y calcio, señales fundamentales para la activación de la movilidad
espermática, la capacitación y la adquisición de la competencia fecundante (7,8). A
diferencia de las adenilil ciclasas transmembrana clásicas presentes en la mayoría de las
células somáticas, que están acopladas a receptores y proteínas G, la sAC carece de
dominios transmembrana y se localiza en compartimentos específicos del
espermatozoide, como el flagelo y la pieza intermedia, donde regula de manera directa la
fosforilación dependiente de AMPc y PKA necesaria para la hiperactivación y la reacción
acrosómica (9). Esta especificidad funcional y tisular hace que la inhibición farmacológica
de sAC tenga un impacto selectivo sobre la función espermática, minimizando efectos
sistémicos, lo que representa una ventaja clave en términos de seguridad anticonceptiva
(7,10).
Estudios recientes en modelos murinos han demostrado que inhibidores selectivos de sAC
inducen una inmovilización rápida y reversible de los espermatozoides, bloqueando
eficazmente la fertilización sin observarse efectos adversos significativos sobre otros
órganos. Notablemente, la fertilidad se restablece pocas horas después de la retirada del
compuesto, lo que respalda el concepto de un anticonceptivo masculino “on-demand”, no
hormonal y completamente reversible (8, 10). Estas características diferencian de forma
clara esta estrategia de los enfoques hormonales, que requieren tiempos prolongados para
inducir y revertir la supresión espermatogénica.
Además de compuestos farmacológicos, se están desarrollando dispositivos físico
químicos para impedir que los espermatozoides entren en el eyaculado, entre los que se
encuentran ADAM™ y RISUG/Vasalgel.
ADAM™ (Contraline) es un implante de hidrogel biocompatible inyectado en los conductos
deferentes que forma una barrera física contra el paso de espermatozoides. En la fase 1 de
ensayos clínicos, este hidrogel ha mostrado bloqueo efectivo del esperma sin efectos
adversos graves, y su efecto puede persistir hasta dos años antes de degradarse de forma
natural, restaurando así la fertilidad tras la eliminación del material o su degradación. Se
espera que el estudio entre en fase 2 con ~50 participantes a finales de 2025 (8).
Un método similar clásico es RISUG/Vasalgel, que utiliza un gel polimérico inyectado en
los conductos deferentes para bloquear y neutralizar espermatozoides; este enfoque ha
completado fases I y II y actualmente se encuentra en etapas posteriores de evaluación
clínica en varios países (9,10).
De forma complementaria, investigadores del Salk Institute identificaron que los
inhibidores de histona deacetilasas (HDAC) pueden bloquear la producción de esperma en
ratones sin afectar la libido; y además semanas después de suspender el tratamiento, la
producción de espermatozoides se recupera por completo, lo que demuestra
la reversibilidad del efecto a nivel molecular (11).
Las HDAC forman parte de complejos multiproteicos que regulan la acetilación de histonas
y proteínas no histónicas, modulando la estructura de la cromatina y la expresión génica
durante la espermatogénesis (11,12). Su inhibición provoca una hiperacetilación de
histonas, alterando procesos críticos como la compactación de la cromatina espermática,
la sustitución de histonas por protaminas y la progresión normal de la meiosis (13). A nivel
molecular, los inhibidores de HDAC se unen al sitio catalítico dependiente de zinc de la
enzima, impidiendo la interacción con su complejo proteico diana y bloqueando la
desacetilación de sustratos clave, lo que conduce a defectos en la diferenciación de
células germinales masculinas y a una reducción reversible de la fertilidad en modelos
experimentales (11,13).
No obstante, dado que las HDAC están ampliamente expresadas en múltiples tejidos, la
especificidad y el perfil de seguridad de estos inhibidores continúan siendo un aspecto
crítico en su desarrollo como anticonceptivos masculinos (13).
Seguridad a
corto y largo plazo
La seguridad constituye uno de los principales criterios para la aprobación regulatoria de
nuevos anticonceptivos, especialmente en individuos sanos. En el caso de los
anticonceptivos hormonales masculinos, los efectos adversos observados se derivan
fundamentalmente de la alteración del eje hipotálamo-hipófisis-gonadal y de la
administración de testosterona exógena (14).
Entre los efectos secundarios más frecuentemente descritos se incluyen aumento de
peso, acné, cambios en el perfil lipídico (especialmente reducción del HDL-colesterol),
alteraciones del estado de ánimo y fluctuaciones leves de la libido. Aunque estos efectos
suelen ser reversibles tras la suspensión del tratamiento, su aparición ha influido
negativamente en la percepción de tolerabilidad y aceptación del método. Hasta el
momento, los ensayos clínicos no han demostrado ningún efecto adverso grave sobre la
próstata, la densidad mineral ósea o la función sexual a largo plazo, aunque se reconoce
la necesidad de estudios con seguimientos más prolongados (15).
Los anticonceptivos no hormonales presentan un perfil de seguridad potencialmente más
favorable, al evitar la interferencia con los niveles sistémicos de testosterona, FSH y LH. Es
por ello, que el uso del fármaco YCT-529 sugiere una menor probabilidad de producir
efectos sistémicos. No obstante, la seguridad a largo plazo en humanos, así como posibles
efectos off-target derivados de la inhibición de vías del ácido retinoico, aún deben
evaluarse exhaustivamente (13).
Por otra parte, los compuestos que inhiben la movilidad espermática mediante bloqueo de
la sAC representan una estrategia atractiva ya que su acción es rápida, reversible y limitada
temporalmente, lo que reduce el riesgo de toxicidad acumulativa. Por último, a pesar de
que los dispositivos intravasales han mostrado perfiles de seguridad favorables en fases
tempranas, aún persisten interrogantes sobre inflamación local, reversibilidad completa y
posibles complicaciones a largo plazo (7).
|
Método
|
Tipo
|
Ventajas principales
|
Limitaciones
|
|
Preservativo
|
Barrera física
|
Fácil acceso, protección frente a ITS, sin efectos
sistémicos
|
Menor eficacia en uso típico, dependencia del uso
correcto
|
|
Vasectomía
|
Quirúrgico
permanente
|
Muy
alta eficacia, método único
|
Reversibilidad
limitada, intervención invasiva
|
|
Anticonceptivos hormonales (testosterona +
progestina)
|
Hormonal reversible
|
Alta eficacia, reversibilidad demostrada
|
Efectos secundarios sistémicos, variabilidad
interindividual
|
|
YCT-529 (antagonista RARα)
|
No
hormonal farmacológico
|
No
altera hormonas sistémicas, reversible
|
En
fases tempranas, seguridad a largo plazo desconocida
|
|
Inhibidores de sAC
|
No hormonal “on-demand”
|
Acción rápida, reversible, uso puntual
|
Evidencia limitada en humanos
|
|
ADAM™ (Contraline)
|
Implante
intravasal
|
Efecto
prolongado, potencialmente reversible
|
Procedimiento
invasivo, datos limitados de reversibilidad
|
|
RISUG/Vasalgel
|
Gel intravasal
|
Alta eficacia, larga duración
|
Reversión aún en evaluación clínica
|
|
Inhibidores de HDAC
|
Epigenético/molecular
|
Bloqueo
reversible de espermatogénesis
|
Evidencia
preclínica, posibles efectos epigenéticos off-target
|
Tabla resumen
comparativa de las principales ventajas y desventajas de cada uno de los
métodos anticonceptivos masculinos citados
Comparación de
la eficacia de los métodos anticonceptivos masculinos con respecto a los
femeninos
La eficacia de un método anticonceptivo tanto en mujeres como en hombres, se evalúa
habitualmente mediante el índice de Pearl, que expresa el número de embarazos por cada
100 personas-año de uso, así como por las tasas de fallo en condiciones de uso perfecto y
típico (15).
Los anticonceptivos hormonales masculinos, particularmente las combinaciones de
testosterona y progestágenos, han demostrado una capacidad consistente para reducir la
concentración espermática hasta niveles de oligozoospermia severa consiguiendo p un
riesgo anual de embarazo cercano al 1 %. Además, ensayos clínicos controlados han
mostrado tasas de embarazo extremadamente bajas o nulas durante el seguimiento, lo
que respalda su elevada eficacia cuando se alcanza una supresión adecuada de la
espermatogénesis (15).
Los métodos masculinos no hormonales emergentes mencionados anteriormente han
mostrado en modelos preclínicos una eficacia anticonceptiva elevada, aunque todavía
carecen de datos robustos de eficacia en humanos. Por su parte, los dispositivos
intravasales como ADAM™ o RISUG/Vasalgel podrían alcanzar eficacias similares a la
vasectomía, con la ventaja potencial de la reversibilidad.
En comparación, los métodos anticonceptivos femeninos reversibles presentan una
amplia variabilidad en eficacia. Actualmente, los dispositivos intrauterinos (DIU), tanto
hormonales como de cobre, representan los métodos reversibles más eficaces
disponibles. En conjunto, la evidencia disponible indica que la eficacia biológica de los
anticonceptivos masculinos en desarrollo es comparable a la de muchos métodos
femeninos, y que las diferencias actuales en disponibilidad clínica responden más a
factores regulatorios y sociales que a limitaciones intrínsecas de eficacia (16).
Barreras para
la implementación clínica
A pesar de los avances científicos significativos, la anticoncepción masculina sigue
enfrentando múltiples barreras para su implementación clínica. Una de las principales es
la exigencia regulatoria, considerablemente más estricta que en el caso de la
anticoncepción femenina, debido a la percepción de que los anticonceptivos se
administran a individuos sanos sin beneficio terapéutico directo y a la ausencia de criterios
regulatorios consolidados para definir marcadores sustitutos de eficacia, como el umbral
de supresión espermática necesario para prevenir el embarazo, lo que dificulta la
aprobación de nuevos métodos por parte de las agencias reguladoras (17,18). Además, la
variabilidad interindividual en la respuesta a estos fármacos constituye un desafío
relevante, ya que no todos los hombres alcanzan una supresión espermática adecuada
con los mismos regímenes terapéuticos, lo que complica la estandarización de dosis y
esquemas de tratamiento (19).
En términos de seguridad, resulta evidente una asimetría en la evaluación riesgo
beneficio: mientras que la anticoncepción femenina ha normalizado históricamente
efectos adversos hormonales significativos —incluidos cambios del estado de ánimo,
aumento de peso o riesgo trombótico—, efectos comparables en ensayos de
anticoncepción masculina han generado un mayor escrutinio ético y han contribuido a la
interrupción o ralentización de estudios clínicos (20). Esta diferencia pone de manifiesto
un doble estándar de género en la investigación anticonceptiva, donde la carga biológica y
los riesgos asociados al control de la fertilidad han recaído predominantemente sobre las
mujeres (21).
Desde una perspectiva ética y sociocultural, la limitada implementación clínica de
anticonceptivos masculinos refleja normas de género persistentes que asignan la
responsabilidad reproductiva principalmente a las mujeres, así como preocupaciones
sobre la adherencia masculina y el control reproductivo dentro de la pareja (22).
No obstante, estudios recientes indican que muchos hombres muestran una alta
disposición a utilizar métodos anticonceptivos eficaces y reversibles, especialmente en
contextos que promueven la corresponsabilidad reproductiva, lo que sugiere que las
barreras actuales no son únicamente biológicas o técnicas, sino también regulatorias,
culturales y éticas (23).
Perspectivas futuras y líneas de investigación emergentes
El futuro de la anticoncepción masculina se orienta hacia el desarrollo de métodos
altamente eficaces, reversibles, seguros y aceptables, con un impacto mínimo sobre la
fisiología sistémica. En este sentido, los anticonceptivos no hormonales constituyen una
de las líneas de investigación más prometedoras, especialmente aquellos dirigidos a
dianas moleculares específicas del testículo o del espermatozoide (17,23).
La anticoncepción “on-demand”, basada en la inhibición transitoria de la movilidad o la
capacidad fecundante del espermatozoide, podría ofrecer una alternativa flexible y bien
tolerada, especialmente en contextos de uso ocasional (18).
Los avances en biología molecular y epigenética han abierto nuevas posibilidades, como
la modulación reversible de la expresión génica implicada en la espermatogénesis, así
como el uso de herramientas de diseño racional de fármacos asistidas por inteligencia
artificial para identificar dianas altamente específicas. En conjunto, estas estrategias
podrían transformar el panorama de la planificación familiar, promoviendo una
distribución más equitativa de la responsabilidad reproductiva (22).
Conclusión
La anticoncepción masculina constituye un pilar fundamental, aunque históricamente
infradesarrollado, de la salud sexual y reproductiva global. La limitada disponibilidad de
métodos masculinos, restringida en la práctica al preservativo y la vasectomía, ha
contribuido a una distribución desigual de la responsabilidad anticonceptiva y ha dejado
sin respuesta una necesidad clínica relevante en la planificación familiar.
La evidencia científica actual demuestra que los anticonceptivos hormonales masculinos
reversibles pueden alcanzar niveles de eficacia comparables a los métodos hormonales
femeninos mediante la supresión controlada de la espermatogénesis. Paralelamente, el
desarrollo de estrategias no hormonales dirigidas a dianas moleculares específicas del
testículo, del espermatozoide o de su transporte, abre nuevas perspectivas al ofrecer
enfoques con perfiles de seguridad más favorables y mayor flexibilidad de uso.
No obstante, la implementación clínica de estos avances continúa condicionada por
barreras regulatorias, clínicas y socioculturales. Superar estos obstáculos requerirá no solo
avances tecnológicos, sino también cambios en los marcos regulatorios, en las prioridades
de investigación y en la percepción social de la corresponsabilidad reproductiva.
La consolidación de métodos anticonceptivos seguros, eficaces y reversibles tiene el
potencial de transformar la planificación familiar, ampliar la autonomía reproductiva y
promover una distribución más equitativa de la responsabilidad anticonceptiva.
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