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14 de diciembre de 2013

SOJA HASTA EN LA SOPA




Todos los días vemos en los medios de comunicación publicidad de productos derivados de la soja (leche, galletas, alimentos infantiles, etc.). Además y aunque no seamos conscientes de ello, la soja está presente en muchos de los productos que consumimos en nuestro día a día. ¿Quién no visita la panadería o desayuna un tazón de cereales? ¿Quién no se da un capricho el fin de semana y pide una pizza o se come una hamburguesa? Incluso si nos parásemos a leer los ingredientes de muchos alimentos procesados encontraríamos que la soja forma parte de ellos de manera más o menos significativa.
Es posible que mucha gente no conozca las propiedades de esta legumbre típicamente asiática o sus posibles efectos sobre la salud, pero si preguntamos a cualquiera sabrá decirnos alguna cualidad de este controvertido vegetal  que tan de moda se ha puesto últimamente en el sector de la alimentación.
Cuando disfrutamos de una onza de ese chocolate que tanto nos gusta o desayunamos una tostada de pan de molde recién hecha, es más que probable que estemos incorporando soja a nuestro organismo y con ella, uno de sus componentes más importantes, las isoflavonas. Son sustancias que las plantas, entre ellas la soja, producen en situación de estrés; por ejemplo, cuando el ambiente es adverso o el sustrato es pobre en nutrientes. Son desde luego sustancias exógenas, es decir, no son propias de nuestro organismo.
 ¿Y qué problema hay?
¿Por qué está la soja últimamente tan en boga? ¿Por qué hay tantos foros en internet que hablan sobre sus efectos positivos y negativos sobre el organismo? La divulgación de posibles efectos adversos derivados del consumo de soja, incluyendo la feminización y la infertilidad, ha hecho que algunos hombres eviten estos alimentos.  ¿Es necesario llegar a estos extremos? ¿Qué dicen los estudios?
En humanos las isoflavonas tienen una actividad similar a la de los estrógenos, las hormonas sexuales femeninas por excelencia. Estas hormonas están presentes tanto en mujeres como en hombres, aunque en menor proporción en éstos. Gracias a esta similitud, se unen a sus receptores hormonales en nuestro organismo, aunque con una afinidad menor, impidiendo que las hormonas auténticas puedan ejercer correctamente su función. En este sentido, las isoflavonas (también conocidas como fitoestrógenos) podrían alterar el equilibrio hormonal comprometiendo el correcto desarrollo de la función reproductora.
Al hilo de estos conceptos básicos se nos plantea la siguiente cuestión: ¿Afecta realmente una dieta rica en soja al balance hormonal masculino? Y más aún: la población asiática, cuya dieta habitualmente incluye grandes cantidades de esta legumbre, ¿tendrá más problemas reproductivos?
Hemos encontrado en la red evidencias de que la asimilación de isoflavonas por el organismo depende de diversos factores, entre ellos la variedad de la soja y el grado de procesamiento de la misma. Además, se ha probado que existe una gran variabilidad individual en la capacidad de metabolizar la soja. Esta variabilidad está relacionada con la presencia en el intestino de las bacterias capaces de producir el enzima necesario para transformar la genisteína (una de las isoflavonas predominantes en la soja) en su derivado biológicamente más activo. En la población occidental, en la que la soja ha comenzado a consumirse más recientemente, sólo un 25-35% de los individuos poseen estas bacterias en su organismo. La proporción es notablemente mayor en la población asiática, donde la soja lleva formando parte de la alimentación desde tiempos ancestrales.
¿Afecta la soja a la fertilidad masculina?
Lo primero que hacemos para tratar de responder a esta pregunta  es introducir en nuestro buscador de internet dos palabras: soja y semen.
A partir de ahí, se nos muestra un mundo de contradicciones. Encontramos  una noticia de la BBC, otra del periódico 20 minutos y un artículo de la revista Men´s Health. Todas ellas citan un artículo de la revista científica Human Reproduction acerca de este tema. En él, Chavarro y colaboradores publicaron un estudio realizado con 99 pacientes que acudieron a una clínica de fertilidad y a los que se les preguntaba sobre sus hábitos alimenticios en relación a la soja. Lo que encontraron fue una disminución de la concentración de espermatozoides, relacionada  con la ingesta de soja. Además, aseguran que esta asociación es más fuerte en hombres con sobrepeso u obesidad.
Continuamos la navegación y encontramos una noticia del periódico The Guardian, donde se cuestiona la trascendencia de este artículo. Se preguntan (al igual que nosotras), si además de la soja no sería necesario investigar otros hábitos alimenticios o si el sobrepeso de por sí podría ser el causante de la baja concentración de espermatozoides en estos pacientes. Para apoyar su hipótesis, se refieren a estudios anteriores en el mismo sentido y cuyos resultados no concuerdan con los reportados por Human Reproduction.
Ya que, como bien hemos visto, la simple búsqueda en la web no nos aclara nuestras dudas, el siguiente paso que se nos ocurre dar es revisar las publicaciones científicas que Internet pone a nuestro alcance. Encontramos de esta forma varios artículos interesantes, la mayoría publicados en fechas anteriores al controvertido artículo de Human Reproduction y sólo uno publicado con posterioridad por Beaton y colaboradores, en 2010. Nos asombra comprobar que en ninguno de ellos se informa de efectos negativos del consumo de soja en la calidad del semen y, no sólo eso, sino que en algunos casos los investigadores encuentran efectos positivos.
Encontramos el llamativo caso publicado en 2008 (Martínez y Lewis) en el que se informa de un paciente de 60 años con ginecomastia y niveles extremadamente elevados de estrógenos. La ginecomastia consiste  en el crecimiento patológico de las mamas en el hombre. El paciente decía consumir casi 3 litros de leche de soja al día, lo cual le proporcionaba dosis muy altas y desde luego superiores al consumo medio asiático de soja y sus derivados. En este caso, se concluyó que los efectos patológicos fueron producidos por  la extremadamente elevada dosis de isoflavonas consumidas, que habría aumentado los niveles de estrógenos provocando un desequilibrio en el balance estrógenos/testosterona.
Dejando de lado este caso extremo, y volviendo a las publicaciones científicas,  hemos revisado nueve estudios que evaluaron los efectos de los alimentos derivados de la soja sobre los niveles de estrógenos en hombres. Sólo dos de ellos mostraron cambios significativos en dichos niveles tras la exposición a isoflavonas;  no obstante, en ambos estos niveles aunque aumentados se encontraban dentro del rango de normalidad. Uno de los estudios demostró lo contrario y los seis restantes no encontraron influencia significativa del consumo de soja en el equilibrio hormonal masculino.
Por último, destacaremos que uno de los artículos másactuales sobre el tema revisa gran parte de las publicaciones anteriores cuestionando el buen diseño de los mismos y concluye de forma resolutiva que ninguno de los componentes de la soja puestos en estudio afecta significativamente a los niveles hormonales masculinos.
¿Qué pensar de la soja, entonces?
Pues bien, la conclusión principal que extraemos de nuestras pesquisas es que el consumo de soja dentro de una dieta equilibrada no parece acarrear efectos negativos sobre la fertilidad masculina. Pero, como bien dijo el alquimista suizo Teofrasto Paracelso allá por el siglo XVI, “la dosis hace el veneno”.





Bibliografía
  • Julie H. Mitchell, Elizabeth Cawood, David Kinniburgh, Anne Provan, Andrew R. Collins and D. Stewart Irvine. Effect of a phytoestrogen food supplement on reproductive health in normal males. Clinical Science (2001) 100, 613–618 
  • Song G, Kochman L, Andolina E, Herko RC, Brewer KJ, Lewis V. O-115: beneficial effects of dietary intake of plant phytoestrogens on semen parameters and sperm DNA integrity in infertile men. Fertil Steril 2006;86:S49
  • Jorge E. Chavarro, Thomas L. Toth, Sonita M. Sadio and Russ Hauser. Soy food and isoflavone intake in relation to semen quality parameters among men from an infertility clinic. Human Reproduction Vol.23, No.11 pp. 2584–2590, 2008
  • Mark Messina. Soybean isoflavone exposure does not have feminizing effects on men: a critical examination of the clinical evidence. Fertility and Sterility, Vol. 93, No. 7, May 1, 2010
  • Jill M. Hamilton-Reeves, Gabriela Vazquez, Sue J. Duval, William R. Phipps, Mindy S. Kurzer and Mark J. Messina. Clinical studies show no effects of soy protein or isoflavones on reproductive hormones in men: results of a meta-analysis. Fertility and Sterility, Vol. 94, No. 3, August 2010
  • Laura K. Beaton,  Brianne L. McVeigh,  Barbara L. Dillingham, Johanna W. Lampe,  and Alison M. Duncan . Soy protein isolates of varying isoflavone content do not adversely affect semen quality in healthy young men. Fertility and Sterility, Vol. 94, No. 5, October 2010
  • Christopher Robin Cederroth , Céline Zimmermann , Serge Nef. Soy, phytoestrogens and their impact on reproductive health. Molecular and Cellular Endocrinology 355 (2012) 192–200

Ainhoa Gómez Abaurrea
Elvira Menéndez González
Alea Pastor Ruiz

INFLUENCIA DE LA SOJA Y DERIVADOS EN LA CAPACIDAD REPRODUCTORA MASCULINA




Introducción

La soja está presente en muchos de los productos que consumimos, como por ejemplo, en los productos de panadería, en la comida rápida o en los cereales. Está tan presente que para la gente alérgica a la soja es, incluso, complicado encontrar productos que no la contengan. La soja y sus derivados son una fuente importante de proteínas de alta calidad y de isoflavonas (fitoestrógenos). Éstas también están presentes en otros vegetales, donde su síntesis se produce en situaciones de estrés como la infección o la carencia de nutrientes, jugando un papel importante en la inhibición del ataque de patógenos y en las interacciones simbióticas entre plantas. Las dos isoflavonas más comunes en la soja son la genisteína y la daidzeína.

Los fitoestrógenos, concretamente las isoflavonas, son sustancias exógenas, que interfieren en la síntesis, secreción, transporte, metabolismo y activación de receptores de las hormonas responsables de la homeostasis, la reproducción, el desarrollo y el comportamiento humano. Estos compuestos tienen la habilidad de unirse a los receptores α y β de los estrógenos, mimetizando su estructura conformacional y al actuar como disruptores endocrinos potenciales. Por ello, la exposición a los mismos puede alterar la fertilidad provocando cambios en el desarrollo sexual, la edad de la pubertad, los comportamientos sexo-dependientes, la función de los ovarios y los testículos, la producción de gametos, el embarazo o incluso en la lactancia en mamíferos.

En el año 1940, se hizo patente la primera evidencia de que los fitoestrógenos actuaban como disruptores endocrinos (Endocrine Disrupting Chemicals, EDCs). La afirmación de tal evidencia se basó en un estudio hecho en la codorniz de California (Lophortyx californicus) en el que se observó un aumento en el contenido de soja del alimento consumido en la estación seca frente al consumido en la estación húmeda. Así se relacionaron, por ejemplo, las bajas tasas de ovulación o los defectos estructurales del aparato reproductor (entre otros), con la exposición a altas concentraciones de soja durante la estación seca, que daban lugar a un Síndrome de infertilidad denominado “Clover Disease”. (Cederroth et al., 2012).

Algunas de las propiedades beneficiosas que se atribuyen a la soja provienen de la liberación biológica de péptidos durante la digestión gastrointestinal o durante la fermentación de las proteínas de la soja. Por ejemplo, los péptidos bioactivos encriptados entre las proteínas de la soja están relacionados con actividad anticancerígena, antihipertensiva, hipocolesterolémica, antiobesidad y con su actividad antioxidante.

La fracción de población con mayores tasas de consumo de soja estará expuesta, por lo general, a mayores niveles de isoflavonas pero debe tenerse en cuenta, al considerar el grado de exposición, el tipo de soja y el tratamiento que se le haya dado, ya que el procesamiento tiende a disminuir los niveles de isoflavonas contenidos en el alimento. El consumo de esta legumbre es típico de la dieta asiática, donde por ejemplo, la ingesta por persona es de 7-8 g/día en Hong-Kong y China y de más de 20-30 g/día en Korea; en cambio en Europa o Norte América se consume menos de 1 g/día. Así los niveles de isoflavonas en el plasma de los asiáticos son de 493 nM (genisteína) y 293 nM (daidzeína), mientras que en los hombres americanos los valores son de 33 nM y 18 nM, respectivamente. (Cederroth et al., 2012).

El metabolismo y la absorción de isoflavonas (las dos más comunes ya mencionadas) es un proceso complejo. Están inactivas al estar β-D-glicosiladas, pero cuando se ingieren se deglicosilan gracias a las βGlucosidasas bacterianas presentes en el intestino de mamíferos. Una vez que esto ocurra serán absorbidas en el intestino delgado por difusión pasiva. Su absorción en forma glicosilada es más difícil debido a su alto peso molecular y porque en este momento son hidrofílicas. Diversos estudios han confirmado que los adultos las absorben rápidamente y de forma eficaz y, a pesar de que las isoflavonas no glicosiladas se absorben mejor, parece que las glicosiladas tienen un mayor efecto biológico. (Cederroth et al., 2012).

Se han hecho varios estudios sobre cómo se metaboliza la soja en humanos, y la conclusión es que hay diferencias individuales, indicándose una mayor eficiencia en individuos asiáticos que en la población occidental. Como es de esperar, esto afectará a los beneficios e inconvenientes que su consumo pueda tener sobre el individuo.

El mecanismo de acción de las isoflavonas se basa principalmente en la capacidad de unirse a los receptores α y β de los estrógenos (ERα y ERβ) así como a su capacidad de mimetizar la acción estrogénica. Tienen por lo general  mayor afinidad por ERβ que por ERα y además se observan distintos patrones de expresión en hombres y mujeres.

Parece ser que los fitoestrógenos también afectan a la síntesis de esteroides regulando la aromatasa y la actividad de la 5α reductasa in vitro. Además las isoflavonas desplazan la testosterona in vitro y el estradiol de sus sitios de unión, lo cual permite que los esteroides queden libres y que el balance de andrógenos y estrógenos se desequilibre. Por eso debe tenerse en cuenta el efecto de los fitoestrógenos tanto en el desarrollo, como en la función reproductiva y en el sistema endocrino. (Cederroth et al., 2012).

Los estudios realizados son escasos y de un tamaño muestral limitado y además, en muchas ocasiones carecen de una estandarización que permita comparar diferentes especies o estudios clínicos. Desafortunadamente los estudios epidemiológicos sobre cómo afecta a largo plazo la exposición a altas concentraciones de soja o a las isoflavonas también son escasos.

Soja, isoflavonas y hormonas sexuales masculinas.

Anteriormente se ha comentado la capacidad potencial de las isoflavonas de la soja como disruptores endocrinos. Son conocidos sus efectos estrogénicos bajo ciertas condiciones experimentales.

Cada gramo de proteína de soja se asocia aproximadamente con 3,5 mg de isoflavonas. Sabiendo que su consumo es más elevado entre la población asiática, parece lógico utilizar como dato de referencia la ingesta media diaria de ambos compuestos en la población adulta japonesa, que se corresponde con 6-11 g y 25-50 g, respectivamente.

La genisteína y la daidzeína, están presentes en la soja en diferentes formas isoméricas. Como ya se ha indicado, las isoflavonas deben ser hidrolizadas en el intestino para poder atravesar el epitelio y ser absorbidas y, una vez en sangre, sólo un 1-2% circula en la forma biológicamente activa.

La proporción de isoflavonas asimilada por el organismo de un individuo depende de diversos factores, entre ellos la variedad de la soja y el grado de procesamiento de la misma, siendo éste inversamente proporcional al grado de asimilación intestinal. Cabe destacar así mismo factores genéticos, ya que es sabido que existe un polimorfismo que determina la eficiencia en la asimilación de ciertas drogas y nutrientes. Aproximadamente sólo un 25-35% de los occidentales poseen en su intestino la bacteria capaz de transformar genisteína en su derivado biológicamente más activo, el equol, siendo este porcentaje considerablemente mayor entre la población asiática. Este dato parece relevante al indicar una posible relación entre los potenciales efectos del consumo de soja y sus derivados y la eficiencia individual en el  metabolismo de los mismos. (Hamilton-Reeves et al., 2010).

La divulgación de posibles efectos adversos derivados del consumo de soja, incluyendo la feminización y la infertilidad, ha hecho que algunos hombres eviten estos alimentos. Varios estudios han tratado de dilucidar si la soja tiene algún efecto sobre el metabolismo hormonal masculino y si, de existir, estos efectos son positivos o negativos.


En 2008, Martínez y Lewis reportaron el caso de un hombre de 60 años con ginecomastia y niveles extremadamente elevados de estrógenos. El paciente decía consumir casi 3 litros de leche de soja al día, lo cual le proporcionaba unos 300 mg de isoflavonas diarias, dosis muy superior a los 25-50 g/día que consumen de media los hombres asiáticos. Se concluyó que la ginecomastia en este caso estaba causada por la extremadamente elevada dosis de isoflavonas consumidas, que habría aumentado los niveles de estrógenos provocando un desequilibrio en el balance estrógenos/testosterona.

Dejando de lado este caso extremo, nueve estudios evaluaron los efectos de los alimentos derivados de la soja sobre los niveles de estrógenos en hombres. Dos de ellos mostraron cambios significativos en dichos niveles tras la exposición a isoflavonas. Uno de estos dos estudios se hizo en hombres de edad avanzada (mayores de 60 años) y resultó en un aumento en los niveles de estrógenos de aproximadamente un 20% en respuesta al consumo de 40 g/día de proteína de soja aislada, que proporciona unos 6 mg de isoflavonas. El otro estudio implicaba a hombres jóvenes, en los que el incremento fue mucho menor. No obstante, en ambos estudios los niveles de estrógenos, aunque aumentados, se encontraban dentro del rango de normalidad. (Messina, 2010). En contraste con estos dos proyectos, Nagata et al. demostraron por su parte que la concentración de estrona tendía a disminuir en el grupo de consumidores de soja y a aumentar en el grupo control. Los seis estudios restantes no mostraron, sin embargo, cambios significativos en los niveles de estrógenos.

De todos ellos se extrae la conclusión de que las isoflavonas no afectan a los niveles de estrógenos en sí mismas, sino que de haber alteraciones, estas podrían deberse a una dosis excesiva o a una hipersensibilidad del sujeto a este compuesto.

En 2010, Hamilton-Reeves et al. publicaron un meta-análisis en el que fueron incluidos 32 artículos con el fin de evaluar los efectos de la ingesta de proteína de soja e isoflavonas sobre los niveles de testosterona en los hombres. Los resultados demostraron que ni la proteína de soja, ni las isoflavonas afectan significativamente a las concentraciones de hormonas sexuales masculinas, independientemente de la edad del sujeto. Concluyeron además que los estudios que anteriormente habían mostrado alteraciones significativas eran deficientes en cuanto a su ejecución, bien por no incluir suficientes sujetos o por la ausencia de un grupo control. También podrían considerarse deficientes por no describir correctamente la composición del derivado de soja utilizado o el método de análisis de parámetros hormonales empleado, o bien por no mostrar información suficiente sobre otros componentes biológicamente activos contenidos en la soja y que podrían interferir en los efectos de las isoflavonas.

Soja y Parámetros Seminales

Por otro lado, la etiología de la subfertilidad en parejas en edad reproductiva abarca muchos motivos. Aproximadamente, en el 30% de los casos se debe al factor masculino y, de entre estos, una casusa importante es la mala calidad seminal. Una de las teorías propuestas para explicar este factor masculino es la exposición a la actividad estrogénica de las isoflavonas presentes en la dieta, pero los estudios que demuestran esto se han basado en situaciones in vitro y en modelos animales. (beaton et al., 2010). En humanos, este tipo de estudios es bastante limitado.

El primer estudio realizado (Mitchell et al., 2001) concluyó que no hay efectos significativos de la ingesta de soja sobre los parámetros seminales. En él, se analizaron las muestras seminales de 14 sujetos sanos de acuerdo a los parámetros de la OMS (edad  entre 18 y 35 años) antes, durante y después de la ingesta, en un periodo de dos meses, de un suplemento alimentario comercial que contenía 40 mg de isoflavonas (genisteína, daidzeína y gliciteína). Se realizaron dos seminogramas antes de comenzar el tratamiento, dos durante el mismo y tres análisis post-tratamiento y en ninguna de las muestras se encontraron diferencias estadísticamente significativas en volumen, concentración o movilidad. Los datos mostraron una alteración (aunque no significativa) en la morfología, que atribuyeron a los cambios en los valores de referencia de parámetros seminales de la OMS.

Un segundo estudio (Song et al., 2006) incluyó 48 hombres con parámetros anormales y 10 controles con valores seminales normales, que habían sido padres el año anterior (edad media 33.6±0.9 años). Estimaron la ingesta de soja y derivados a partir de un cuestionario y analizan los parámetros seminales convencionales, además de la integridad del DNA espermático por un análisis SCSA y la capacidad antioxidante total con un ensayo colorimétrico.  Encuentraron que las concentraciones más altas de genisteína y  daidzeína corresponden a los controles fértiles. Además, en análisis por regresión encuentran que la ingesta de isoflavonas se relaciona directamente con la concentración y movilidad, e inversamente con el índice de fragmentación de DNA (DFI). No encuentraron correlación en el caso de la capacidad antioxidante total.

Ese mismo año, Casini et al. publicaron un caso en el que un hombre de 30 años con oligoespermia consigue mejorar sus parámetros seminales después de 6 meses de ingesta de isoflavonas (80mg/día). El paciente, que llevaba 3 años intentando concebir un hijo, lo consigue gracias a una inseminación intrauterina a los tres meses de tratamiento. Ningún otro parámetro salvo concentración, movilidad y morfología estaba alterado en la pareja. A los tres meses de tratamiento, sus parámetros seminales estaban dentro de valores normales, al igual que a los seis meses de tratamiento. Sin embargo, 6 meses después de haber concluido su tratamiento, los parámetros seminales se deterioraron. Puede aparecer aquí, el concepto de rol terapéutico de los fitoestrógenos en el tratamiento de la oligoespermia, pero serían necesarios más estudios.

En 2008 Chavarro et al., publicaron un estudio que incluyó 99 pacientes (edad media 36.4±5.0 años) que acudieron a una clínica de fertilidad y que fueron interrogados sobre su ingesta diaria de soja. Encontraron que la ingesta de soja e isoflavonas está inversamente relacionada con la concentración espermática y esta relación era estadísticamente significativa.  Los pacientes con ingestas de soja más altas, tuvieron de media 35.106 espermatozoides/ml menos que aquellos que no la consumían. No encontraron relación en el volumen, la movilidad o la morfología. Ajustando estadísticamente a la edad, tiempo de abstinencia, índice de masa corporal, ingesta de cafeína, alcohol o tabaco no encontraron nuevos resultados, siendo similares a los anteriores. Para saber si la relación entre ingesta de soja y concentración espermática se mantiene a lo largo de toda la distribución de concentraciones, hicieron una división  por cuantiles, ajustando a edad, tiempo de abstinencia, índice de masa corporal, ingesta de cafeína, alcohol o tabaco y observaron que la relación es más fuerte a altas concentraciones. Por último, investigaron si existe relación entre la ingesta de soja, la concentración espermática y el índice de masa corporal y observaron que la asociación es más pronunciada en aquellos pacientes con sobrepeso u obesidad.

Un último estudio publicado en 2010 por Beaton et al. realizado sobre 32 sujetos de entre 20 y 40 años de edad mostró que no hay asociación entre la ingesta de soja y los parámetros seminales. El estudio consistió en tres tratamientos de 57 días separados por períodos de 28 días de no tratamiento. Los tratamientos consistían en la ingesta de proteína de leche, proteína de soja con bajo contenido en isoflavonas y proteína de soja con alto contenido en isoflavonas ajustados a peso corporal. Se tomaron muestras seminales en día 1 y 57 de cada tratamiento y se observó que no existían diferencias significativas entre los parámetros analizados en día 1 y  57 para cada tratamiento. Además, como los parámetros en día 1 fueron similares se asumió que 28 días entre tratamientos era tiempo suficiente para volver a nivel basal.

Como muestra la Tabla 1, y a modo de resumen, podemos decir que los estudios que relacionan la ingesta de soja y sus derivados con los parámetros seminales, son contradictorios. Hay quien encuentra efectos positivos (+) en el consumo de soja, quien no encuentra ningún tipo de relación (No) o incluso quien encuentra efectos negativos (-).  Ya sea por el planteamiento del estudio, como el de Chavarro et al., que se basó en pacientes de una clínica de fertilidad, por el tamaño de muestra, 14 ó 32 pacientes en los estudios de Mitchell et al. o Beaton et al. o por la duración de los tratamientos, no podemos sacar una conclusión conjunta de todos ellos.

Tabla 1: Tamaño muestral (n) y efectos de la ingesta de soja en los parámetros seminales.


n
Concentración espermática
Movilidad espermática
Morfología espermática
Volumen de eyaculado
Mitchell et al., 2001
14
No
No
-
No
Song et al., 2006
48
+
+
No datos
+
Casini et al., 2006
1
+
+
+
No datos
Chavarro et al., 2008
99
-
No
No
No
Beaton et al., 2010
32
No
No
No
No


Sería necesario investigar si otros factores, como la susceptibilidad a fitoestrógenos, también pueden estar implicados en la relación entre la ingesta de soja y los parámetros seminales.
Como conclusión final, podemos decir que la ingesta de soja dentro de una dieta equilibrada no influye en la capacidad reproductiva masculina. En cuanto a lo que a parámetros seminales se refiere, parece que son necesarios más estudios aleatorizados, prolongados en el tiempo y con un tamaño muestral suficiente.

Bibliografía

  1. Julie H. Mitchell, Elizabeth Cawood, David Kinniburgh, Anne Provan, Andrew R. Collins and D. Stewart Irvine. Effect of a phytoestrogen food supplement on reproductive health in normal males. Clinical Science (2001) 100, 613–618
  2. Song G, Kochman L, Andolina E, Herko RC, Brewer KJ, Lewis V. O-115: beneficial effects of dietary intake of plant phytoestrogens on semen parameters and sperm DNA integrity in infertile men. Fertil Steril 2006;86:S49
  3. Jorge E. Chavarro, Thomas L. Toth, Sonita M. Sadio and Russ Hauser. Soy food and isoflavone intake in relation to semen quality parameters among men from an infertility clinic. Human Reproduction Vol.23, No.11 pp. 2584–2590, 2008
  4. Mark Messina. Soybean isoflavone exposure does not have feminizing effects on men: a critical examination of the clinical evidence. Fertility and Sterility, Vol. 93, No. 7, May 1, 2010
  5. Jill M. Hamilton-Reeves, Gabriela Vazquez, Sue J. Duval, William R. Phipps, Mindy S. Kurzer and Mark J. Messina. Clinical studies show no effects of soy protein or isoflavones on reproductive hormones in men: results of a meta-analysis. Fertility and Sterility, Vol. 94, No. 3, August 2010
  6. Laura K. Beaton,  Brianne L. McVeigh,  Barbara L. Dillingham, Johanna W. Lampe,  and Alison M. Duncan . Soy protein isolates of varying isoflavone content do not adversely affect semen quality in healthy young men. Fertility and Sterility, Vol. 94, No. 5, October 2010
  7. Christopher Robin Cederroth , Céline Zimmermann , Serge Nef. Soy, phytoestrogens and their impact on reproductive health. Molecular and Cellular Endocrinology 355 (2012) 192–200
Ainhoa Gómes Abaurrea
Elvira Menéndez González
Alea Pastor Ruiz